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Cárcel de Carabanchel Descripción y resumen histórico

Elaborado a partir del informe del servicio histórico del COAM sobre la cárcel de Carabanchel, diversos ejemplares de la revista Redención, y diferentes informaciones procedentes del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y material elaborado por asociaciones y entidades culturales relacionadas con la prisión.

El origen de la cárcel de Carabanchel

Al terminar la Guerra Civil, al gobierno de Franco se le planteó la necesidad de construir una nueva prisión en Madrid. La cárcel celular de la calle Díaz Porlier, en la zona de Moncloa, y cuyo origen se remontaba a 1876, había quedado prácticamente destruida durante la contienda, lo que había obligado a habilitar provisionalmente otros establecimientos en la capital que no habían sido proyectados para tal fin. Su reconstrucción fue desechada tanto por la proximidad a la ciudad, que en su expansión había acabado por alcanzarla, como por sus connotaciones políticas como cárcel republicana.

Para realizar el proyecto se formó una Comisión, por decreto del 15 de junio de 1939, en la que habrían de participar los arquitectos autores del mismo y pertenecientes al servicio de prisiones, Vicente Agustín El Güero, José María de la Vega y Luis de la Peña Hickman, quienes también se encargarían de gestionar la venta del solar de la Moncloa.

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La Comisión se ocuparía de analizar las diferentes propuestas para adquirir la nueva parcela, optando por una de gran tamaño, casi 20 hectáreas, situada en el suelo rústico del término municipal de Carabanchel Alto y aislada, pero próxima a su núcleo urbano, y bien comunicada con Madrid a través de la carretera de Fuenlabrada, hoy calle General Ricardos, y el camino a Aravaca, actual Avenida de los Poblados. Aparte de la extensión y forma del solar, en la decisión sin duda influiría la ya tradicional ubicación en los Carabancheles de instituciones benéficas, docentes y asistenciales y, en especial, su precio, el más ventajoso de los presentados, pues la diferencia entra la venta del de la Moncloa y compra de éste reportó al Estado más de cuatro millones de pesetas de ganancia que sirvieron para financiar el inicio de las obras.

Los terrenos fueron adquiridos el 16 de enero de 1940 por poco más de 700.000 pesetas a José Messía y Stuart, duque de Tamames y de Galisteo, y las obras, llevadas a cabo por más de mil presos, en su mayoría republicanos sometidos a trabajos forzados. Se iniciaron el 20 de abril de 1940 para levantar la nueva Prisión Modelo de Madrid, centro de detención de hombres destinada a los presos de posguerra y a los detenidos a disposición de la Audiencia Provincial de Madrid.

El proyecto de la cárcel

Sobre la parcela triangular, los arquitectos proyectaron un complejo penitenciario de proporciones megalómanas y organizadas en cuatro sectores:

  1. Grupo residencial para funcionarios, con 80 viviendas familiares y equipadas con capilla, escuela, campo de deportes y jardines.
  2. Pabellones de administración con portería, oficinas, salón de actos, viviendas para el director y subdirector, residencia de religiosas y locutorios.
  3. Prisión preventiva, que constituye el volumen más característico, con su planta radial de ocho brazos o galerías de cinco alturas e iluminación, cubierto por cúpula y en el que se hallaba el centro de vigilancia como se establece en el sistema panóptico, centro penitenciario diseñado por el filósofo Jeremy Bentham en 1791 cuyo concepto se basa en que un vigilante puede observar a todos los prisioneros sin que éstos puedan saber si están siendo observados o no. La planta segunda de la galería que unía el centro con la salida estaba destinada a los presos políticos, con celdas más espaciosas y servicios higiénicos exteriores.
  4. Prisión correccional o taller, de planta en peine y conformada por cuatro galerías, tantos como periodos de condena, más tallares, campos de deportes, enfermería.

Todo lo correspondiente a la zona carcelaria quedaba rodeado por un doble muro de 6 metros de altura, con un paso interior de 10 metros.

Las pautas compositivas no fueron novedosas, pues se tomaron como referencias las de la Cárcel Modelo de Barcelona, si bien desde el punto de vista de la organización, instalaciones y seguridad se adoptaron los más modernos principios y adelantos técnicos. Igualmente éstos se tuvieron en cuenta en la elección de los materiales constructivos, siendo predominante el hormigón armado para la estructura, fundamentalmente por razones de seguridad, y el ladrillo para los muros de las fachadas, resuelta la principal en el estilo imperialista, neoherreriano, predominante en la época. Destaca en ésta la portada central, con el acceso enmarcado por columnas dóricas, sosteniendo un balcón, roleos, hueco con un frontón triangular y coronando la composición el escudo franquista.

Es resto del edificio primitivo, y tanto el interior como al exterior, se caracterizaba por la austeridad, lo que permitió ciertas alusiones al lenguaje moderno, como en la resolución de algunos paños o en la concepción de determinados espacios, las monumentales galerías, cocinas generales, lavaderos y especialmente el centro de vigilancia, en el que se emplea, aparte del hormigón, el hierro y el pavés.

Un edificio nunca terminado

El 22 de junio de 1944 el Ministro de Justicia, Eduardo Aunós, inauguró la primera fase. La construcción continuó a buen ritmo, fechándose la terminación parcial en 1955. El proyecto original nunca se completó, lo que explica la falta de una de las galerías en la estructura radial, e incluso se modificó, realizándose pabellones nuevos para atender a las diferentes necesidades: el hospital psiquiátrico, la escuela de estudios penitenciarios, la central de observación penitenciaria, el hospital general penitenciario, el reformatorio de jóvenes y un departamento de mujeres.

Durante los años siguientes, por tanto, la cárcel fue creciendo. Concebida para albergar una gran población penitenciaria, tuvo siempre problemas de aglomeración o masificación: Los datos oficiales indican que la capacidad inicial de esta prisión se previó en las 1.000 plazas, pero esta ocupación fue siempre superada. Según diversas apreciaciones de historiadores, en su inauguración había cerca de 3.000 presos. Aunque en su evolución posterior esas cifras de ocupación decayeron (pudiéndose situar la media de los últimos quince años en las 2.000 personas, con un máximo de 2.666 en 1990 y un mínimo de 1.417 en 1984), a juicio de Carlos García Valdés, Ex Director General de Instituciones Penitenciarias, la superpoblación, la aglomeración, y en algunos casos el hacinamiento, fueron una constante en la historia de Carabanchel.

Emblema de la historia reciente

Carabanchel se convirtió así en una de las principales prisiones represivas del Régimen. Sería innumerable la lista de destacados dirigentes políticos y sindicales públicos, de todas las tendencias, que estuvieron retenidos en la Cárcel de Carabanchel. Pero también miles de personas anónimas que sufrieron penalidades, confinamientos injustos y represión por motivos ideológicos e incluso homófobos, lo que la convirtió en el emblema más importante de la represión del Régimen anterior, que aplicó leyes que infringen los derechos humanos. Un sinfín de historias humanas truculentas y ejecuciones de la reciente historia de nuestro país tuvieron como escenario la prisión madrileña.

Lamentablemente, no disponemos de una biografía que recopile esas miles de historias personales, que aparecen en parte en hemerotecas y archivos, a lo largo de los casi sesenta años que tuvo este establecimiento, pero muchas de ellas permanecen en el imaginario colectivo local, madrileño, nacional e internacional.

Durante las décadas de funcionamiento de la prisión se han dado hechos relevantes de toda índole que están absolutamente adheridos al propio edificio y no se entendería su significación sin aquél.

La Prisión de Carabanchel es un patrimonio cultural, sociológico y antropológico de primer orden que debería ser expuesto y conocido en parte de su contexto, que se une a la voluntad actual de muchos ex presos tanto políticos, como algunos comunes que demanda su permanencia como ejemplo de una sociedad y su tiempo.

Su abandono

Con la entrada en vigor de la nueva Ley Penitenciaria, el último director de la prisión, Eusebio Hernández Rueda, declaró que la cárcel de Carabanchel infringía muchos de los requisitos fundamentales, añadiendo que la mejor solución a los muchos problemas que plantea el centro sería su desaparición y edificación de uno nuevo, más acorde con la moderna arquitectura penitenciaria.

El Real Orden de cierre se produciría el 11 de septiembre de 1998. Uno de los aspectos que más pesó en la decisión, fue que la cárcel había acabado inmersa en el centro de la ciudad en contra de lo previsto en su fundación. También la obsolescencia del modelo del edificio, un panóptico, el último construido en la historia arquitectónica de nuestro país, que estaba fuera de contexto desde el primer momento de su diseño.

Desde entonces, el edificio de la cárcel ha sido abandonado y su interior se ha llenado de moradores que poco a poco lo han ido desmantelando para obtener toneladas de hierro, metales y cobre sin que la administración propietaria, el Ministerio del Interior, haya hecho el menor gesto de protección de esta propiedad pública, sino todo lo contrario. Resulta realmente chocante que este expolio del patrimonio se realice a escasos metros de la comisaría de Policía de Latina y en un espacio donde está integrado un centro de menores y el Cies.

Este hecho, que fue denunciado administrativamente ante el Ayuntamiento de Madrid, ha sido un grave atentado contra la integridad de un edificio que deseamos sea considerado Patrimonio común y Bien de Interés Cultural.

Escrito por Avaluche

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